viernes, 24 de julio de 2020

Diccionario histórico de Autoridades Científicas de la Provincia de Guadalajara

La obra que aquí se comenta va a convertirse, sin duda, en una de las más importantes de la bibliografía alcarreñista, al presentar en un gran diccionario histórico (no incluye todavía a los vivos que en él podrían caber) la suma de personajes cuya actividad ha estado netamente inclusa en el campo de las ciencias experimentales, a lo largo de los pasados siglos.
Recoge en forma de fichas, organizadas por orden alfabético de apellidos, con índices finales de nombres y actividades, un centenar de biografías de individuos que desde el primer Renacimiento, hasta nuestros días, han destacado en alguna de las ramas de la Ciencia, predominando sin duda los relacionados con los temas biológicos (médicos, farmacéuticos, hidrólogos, botánicos…) seguidos por los científicos puros de la física, la química y la matemática, más una buena representación de los ingenieros, especialmente relacionados con la Aeronáutica y la creación de ingenios destinados a la navegación aérea.
Muchos de ellos nacidos en términos de la provincia, otros sin embargo vinieron aquí en algún momento de sus carreras, como profesores universitarios (en Sigüenza) o como funcionarios casi siempre relacionados con la Enseñanza, para dejar en Guadalajara una parte importante de su saber y de su actividad investigadora.
Si todos ellos son importantes por una u otra razón, algunos como Huarte de San Juan, Casal, Creus y de Vega están en la vanguardia de la ciencia médica en España, y otros como los ingenieros Vives, Herrera, Ortiz de Echagüe y Barberán suponen un puntal capital de la aerostación hispana.
Todas las fichas van ilustradas con retratos de los personajes biografiados, sus firmas, portadas de sus obras y lugares donde ejercieron. La ficha consta, además, siempre de la misma estructura expositiva, con lugar de nacimiento, fechas extremas de la vida, materias en que destacó, fuentes de los libros y escritos producidos por el científico, y bibliografía crítica y documentos complementarios. 



Este libro, que tiene una estructura académica clara, sin ser divulgativo en sí mismo, sí que va a proporcionar a los que quieren saber de la honda raíz de nuestras gentes, un elemento abundante y contrastado en torno al elemento humano que durante siglos ha ido moldeando la forma ser, y poniéndole marcos y luces, a la vida provincial. En su relación queda evidente, precisamente, esa riqueza de orígenes y esa variedad de caminos que han devenido en nuestra idiosincrasia actual: hay en la lista Mendozas ilustres, y también gentes nacidas de los más humildes orígenes de aldeas lejanas. Los hay que por las riquezas de otros aquí llegaron, y muchos, quizás la mayoría, que llegaron a sus cimas personales gracias al entusiasta empeño de unas bien guiadas rutas vitales.
El libro, apoyado en su edición por la Exmª Diputación Provincial de Guadalajara, que así contribuye a la promoción de la cultura escrita y los saberes científicos de nuestra provincia, ha sido editada por Aache e incluida como número 3 en su Colección “Proyecto Lucena” para libros de temática netamente provincial. Encuadernado en tela, con estampaciones en oro, sobrecubierta a color, y un total de 500 páginas que se leen de corrido.

Los autores

Dos prestigiosos médicos/historiadores naturales de la provincia, han sido los responsables de este trabajo de décadas. Con absoluta brevedad, dejamos aquí las notas biográficas de ambos.
Javier Sanz Serrulla (Sigüenza, 1957) Médico, especialista en Estomatología, cursó sus estudios en la Universidad Complutense de Madrid. Doctor en Medicina, en Odontología y en Historia por dicha Universidad, de la que actualmente es profesor en la Unidad de Historia de la Medicina. Académico de Número de la Real Academia Nacional de Medicina de España, es autor de más de una treintena de libros sobre diversos temas de Historia de la Ciencia, entre ellos “Historia General de la Odontología Española”.
Antonio Herrera Casado (Guadalajara, 1947) Médico, especialista en Otorrinolaringología, cursó sus estudios en la Universidad Complutense de Madrid. Doctor en Medicina e Historia de la Ciencia, por dicha Universidad, y profesor emérito de Otorrinolaringología de la Universidad de Alcalá de Henares. Académico Correspondiente de la Real Academia de la Historia, es autor, entre otros títulos, de la “Historia de la Otorrinolaringología en España”.

jueves, 28 de mayo de 2020

Miedes de Atienza, en el confín

Javier Ortega Alcaide:
Aache Ediciones. Colección “Tierra de Guadalajara” nº 112.
Guadalajara, 2020. 202 páginas.
ISBN 978-84-18131-11-0. PVP.: 15 €.

Aunque este pueblo serrano tenía ya elaborados y publicados algunos apuntes de su historia, llega ahora el arquitecto Javier Ortega aportando un gran libro sobre la historia y el patrimonio de esta localidad, Miedes de Atienza, en el confín con Soria. Se trata de un lugar fronterizo, al pie de una sierra por la que cabalgó, en su día, el Cid Campeador, en cuyo poema se menciona expresamente este lugar como de paso.
El autor analiza con meticuloso pormenor el conjunto de cavidades primitivas que existen en el término, con especial atención a la cueva que hay en la roca sobre la que se sustenta la ermita de Nuestra Señora del Puente, que viene a ser lugar de habitación y culto durante el periodo visigodo. Muchas otras cuevas, y hallazgos arqueológicos dan prueba de la importancia que este lugar tuvo en siglos primitivos. Además se extiende en el análisis de los restos romanos, visigodos y árabes, para pasar luego a la enumeración de señoríos, personajes, hazañas y edificios que restan de un pasado denso y glorioso.
Aquíi consideramos que debe resaltarse el núcleo del libro, dedicado a la reseña y estudio de las cavidades distribuidas por el término. Especialmente la que aparece tallada bajo la roca que sostiene la ermita de Santa María del Puente. Está en un altozano, sobre el pequeño valle del río Pajares, en cuyas orillas se abren otras cuevas, como las de El Espinarejo, tres más en Los Villarejos, y otra en Corral García. Similares entre sí, talladas sobre la roca arenisca de los bordes del valle, tienen amplios interiores con bancos, alacenas y capillas. En las rocas, se aprecian inicios de más tallas, que no llegaron a completarse, y un detalle muy revelador, el de los mechinales que aparecen perforados sobre las entradas y más allá, denotando el uso que tuvieron de parapetos, o cabañas construidas a la entrada de la cueva, que vendría a ser como capilla, o residencia de ermitaño.
Lo que se evidencia, leyendo este libro de Ortega, y aprendiendo de él, es la enorme base patrimonial, en punto a cuevas y eremitorios de origen visigodo, que existe todavía hoy en este término municipal de Miedes. Y nos cuenta además, por descripción, y por análisis documental, que en el actual término de Miedes hubo además otros tres pueblos, hoy ya abandonados completamente, que fueron “Santa María de la Puente”, “Torrubia” y “Las Casillas”.
Además, por el término se encuentran numerosos enclaves primitivos, quizás castros celtibéricos, poblados visigodos, aldeas medievales…. El “Castro de Perniles” que fue en su origen habitáculo celtibérico, debió tener una vida muy prolongada en los siglos iniciales de nuestra Era, porque aún en época visigoda tenía ocupación. En él se ven tallados en la roca numerosos intentos de perforación, pero también mechinales, y silos. En Santa María del Puente, que se puede localizar muy bien pues está en pie todavía una gran ermita visible en la distancia, debió haber un amplio poblado en torno a la roca, donde estaría la capilla, o la residencia del mandatario religioso. El ambiente de ese entorno es realmente mágico, como sonoro.
La Cueva de Corral García es otro lugar a tener en cuenta: enorme, bien tallada, con diversas estancias comunicadas por pasadizos. En la más grande, hay un banco corrido, y muchos detalles incluso grabados de cruces y signos sobre los muros. Javier Alcaide parece decantarse por su origen celtibérico, arévaco, como hasta hace poco se fechaban todos estos lugares, pero los estudios de Daza y otros apuntan a que realmente su origen es visigótico. En todo caso… más de 1.500 años tiene estas cuevas, estos restos habitacionales y estos recuerdos patrimoniales de unos pueblos que hoy siguen (aunque a tranca y barrancas) vivos y latientes.
Este libro será especialmente bien recibido por los amantes de esta tierra silenciosa y expresiva, la Sierra Norte de Guadalajara.

martes, 5 de mayo de 2020

La Ilustración en Pozuelo de Alarcón

Montero Sánchez, Angel: “La Huerta y la Casa Grande de Pozuelo de Alarcón”. Aache Ediciones. Colección “Tierra de Madrid” nº 8. Guadalajara, 2019. 172 páginas.  ISBN 978-84-17022-86-0. PVP.: 12 €.

El profesor Montero Sánchez, autor de diversos estudios históricos en torno a la Ilustración española, nos sorprende con el análisis muy pormenorizado de dos elementos claves en el patrimonio histórico-artístico de la villa madrileña de Pozuelo [de Alarcón]. Dos elementos que tienen más de histórico que de artístico. Y que ambos han sido en la práctica eliminados de la faz de la  tierra, aunque sobrevive el terreno en que asentaron.
Fruto de la actividad de don Francisco Rodríguez de Campomanes, uno de los individuos claves de los gobiernos de la Ilustración española, en estos lugares asentaron sucesivamente diversas familias de origen navarro y vascongado, que fueron trayendo en torno a Madrid algunos inicios de industrias (en el caso de Pozuelo, la Real Fábrica de Curtidos) y dejando la impronta de Gremios, Compañías y Sociedades de Amigos del País. Entre esos benefactores, figuran los norteños Juan de Legarra y José de Oxirando, además del ya referido marqués de Campomanes. Y entre sus obras, muy documentadas y bien explicadas en este libro, la Huerta y la Casa Grande.
En definitiva, es este un libro denso y que aporta una suculenta información histórica, hasta ahora inédita, acerca del devenir de Pozuelo de Alarcón desde la época de la Ilustración a nuestros días.

lunes, 6 de abril de 2020

Budia, corazón de la Alcarria

Bermejo Millano, J.J. y Herrera Casado, A.: "Budia, corazón de la Alcarria". Editado por AACHE, 2005. ISBN 978-84-96236-39-4. 15 €.

Todos los pueblos deberían tener ya su historia escrita. Los anales más o menos abultados de su devenir secular, puestos en letra de molde, para que las siguientes generaciones los conozcan y defiendan. Y no solo la historia: también el patrimonio, el costumbrismo, las destacadas singladuras de la naturaleza, los personajes que allí nacieron, las coplas y canciones, etc. Budia tiene todo eso en cantidades abundantes.
Algunos datos: de historia, cosas sorprendentes, que los autores de este libro analizan a cuento del Catastro del Marqués de la Ensenada. Nos dicen como en la segunda mitad del siglo XVIII, la industria de los curtidos en Budia era muy fuerte, dando ocupación a cientos, a miles de personas, y vendiendo sus productos en la Corte, donde apreciaban esas pieles tratadas y curtidas en Budia como de altísima calidad para hacer muebles, encuadernar libros, forrar altares y reforzar cualquier elemento sujeto a golpes.
De arte, las dos tallas de madera policromada que aparecen hoy en el presbiterio de la iglesia parroquial, a ambos lados del altar mayor. Son el Ecce Homo y la Dolorosa tallados personalmente por Pedro de Mena, el artista que a mediados del siglo XVII talló estas preciosas y emotivas figuras por encargo del coronel de los reales ejércitos don Ambrosio Sáez Bustamante. 
De arquitectura, el templo de los frailes carmelitas, prodigio de elegancia de formas y volúmenes. 
De costumbres, la Sampedrá olorosa y sonora, la fiesta más “rara” de la provincia en la que participa, según dice la leyenda, el mismísimo diablo, pues Pedro Botero, que es uno de los nombres por el que se le conoce, debió trabajar en las tenerías y talleres de curtición de Budia, y en esa fiesta dedicada a San Pedro que se hace quemando los restos de pieles, los fragmentos de botas rotas, y la mezcla de insufrible olor de lo que sobró a lo largo del año,  entre los enmascarados danzarines, sudorosos y “asfixiaos” de calor y humo, está siempre el diablo. 
Esta obra que lleva por título “Budia, corazón de la Alcarria” y tiene por autores de los textos a Juan José Bermejo Millano y Antonio Herrera Casado, consta de 232 páginas en gran tamaño, y se ilustra de cientos de fotografías, la mayoría en composiciones a todo color.
Ofrece mapas del término, referencias a todos los temas importantes de su historia, arte y costumbrismo, y aún estudia con detenimiento esos mismos elementos de Valdelagua, un antiguo despoblado que, anejo al Ayuntamiento budiero, hoy es lugar revitalizado y en marcha. 
Personajes de tono eclesiástico (Budia fue conocida en tiempos antiguos como “el pueblo de los Obispos”), artístico, literario y teatral, cinematográfico y político, a pesar de su tradicional aislamiento ha sido capaz de generar gentes que han llevado su nombre con honra por todo el mundo. Entre ellos, el Nóbel Camilo José Cela, que aquí escribió algunas de sus mejores páginas; el dramaturgo Manuel Catalina, y el filántropo e historiador Andrés Falcón y Pardo, al que cuando este libro apareció se rindió homenaje, con la inauguración de una calle en la memoria que se le debía.

jueves, 26 de marzo de 2020

Monasterios medievales de Guadalajara

Herrera Casado, Antonio: Monasterios medievales de Guadalajara. Aache Ediciones. Colección “Tierra de Guadalajara” nº 9. Guadalajara, 2019. 200 páginas. Muchas ilustraciones. ISBN 978-84-87743-83-8. PVP.: 12 €.

Hubo una época en que todos los caminos llevaban a un monasterio. Eran lugares con luz, con sonido propio, con fuerza de milagros y capacidad de esperanza. Los habitaban hombres ­–o mujeres– sabios y bondadosos. Era una “Edad Idílica” que pasó hace mucho tiempo.
La fuerza de una repoblación, del avance de unos pueblos sobre otros, de la recuperación de un territorio perdido, es algo que palpita en la Península Ibérica a lo largo de los siglos de la Edad Media. Son largos, variados siglos. En los que hay batallas (pocas) ideas (muy someras) y actitudes humanas de entrega, de valentía, de dinamismo: el territorio al sur de la sierra Central, donde hoy asienta Guadalajara provincia entre los altos de Ocejón y el Lobo, y el ancho valle del Tajo, es lugar donde en los siglos medios se levantan buen número de monasterios.
Antes de que se descubriera América, ya una veintena larga de monasterios se habían fundado y levantado. Este libro trata de esa historia, de esos inicios, de esas fundaciones y de los edificios en que cuajaron.

El libro de Herrera Casado sobre los “Monasterios Medievales” es una más de sus obras dedicadas con rigor y pasión al conocimiento y recuperación del patrimonio histórico-artístico de Guadalajara. Con una estructura sencilla y práctica, nos muestra de inicio la evolución histórica del territorio, y como se teje la repoblación en torno a grandes dádivas reales a los instituto religiosos que van surgiendo por toda Europa, y en que en Guadalajara hacen de barrera, de contención, frente a la población islámica que en Al-Andalus mantiene viva la avanzadilla de la cultura mahometana.

Por eso son reyes como Alfonso VI, Alfonso VII, Fernando I, Fernando III, Alfonso VIII, y todavía Sancho, Enrique, incluso la reina Isabel, quienes aceptan patrocinar fundaciones religiosas en lugares específicos, fronterizos, guardadores de caminos y propulsores de economía y cultura. En este libro se relacionan los monasterios medievales por órdenes, y así vemos lo que aparece de la mano de los Templarios,  de los Canónigos de San Agustín, de los benedictinos y de los cistercienses. Tambin de las órdenes mendicantes, como franciscanos, clarisas y dominicos, y finalmente el surgimiento de los jerónimos, orden plenamente hispánica, en torno a la ciudad de Guadalajara.

De esas órdenes, unas más numerosas y densas que otras, surgieron edificios y centros espirituales, de los que con el paso de los siglos han quedado poco menos que ruinas. Pero todas ellas bien documentadas, llenas de historias y anécdotas, reflejadas en la silueta poderosa y un tanto triste de sus ruinas. Y así vemos ejemplos tan sonoros y espectaculares como los eremitorios del Santo Alto Rey y Albendiego, las abadías de Bonaval, Monsalud, Ovila y Sopetrán, los cenobios de Valfermoso y Pinilla, los conventos franciscanos de Guadalajara, la Salceda, Molina, o los dominicos de Cifuentes, acabando con esos monumentos al saber y la inteligencia que son los monasterios jerónimos de Lupiana, Santa Ana en Tendilla o San Blas de Villaviciosa.

De todo ello nos aporta Herrera Casado historia y descripciones, forma sde visitar, y paéndices monográficos acerca de muchas curiosidades como milagros, romerías, bibliotecas, santos, descubrimientos, todo ello muy bien documentado e ilustrado. Un gran libro que es, ya, clave en el repertorio del patrimonio histórico-artístico guadalajarreño.

domingo, 15 de marzo de 2020

La masonería en Guadalajara

Julio Martínez García: La Masonería en Guadalajara. Editorial Aache. Colección "Tierra de Guadalajara", nº 111. Guadalajara, 2020. 168 páginas, Numerosas ilustraciones. ISBN 978-84-18131-08-0. PVP.: 14 €.

Uno de los temas que desde hace más de dos siglos se arrastra por los libros de historia, por las tertulias, conversaciones en voz baja, y elucubraciones de muchos, es la Masonería, que sería difícil de explicar aunque todos sabemos de qué se trata. Nacida al calor de las ideas de igualdad y libertad social que en Francia estallan con la Revolución, por todo el mundo a partir de la Galia se instauran sociedades (siempre llamadas secretas) de gentes que, con muy buena voluntad, pretendían implantar ideas y actitudes de bondad, solidaridad, trabajo, honestidad y todo ello en un espíritu de colaboración entre los miembros del grupo, que, en todo caso, debía ser reducido, con miembros selectos, y por lo tanto con cierto secretismo frente al común de la sociedad.
Todo ello lo explica, con mucho más detalle, Julio Martínez en su interesante libro sobre la masonería, que además dedica la máxima atención a lo que viene a ocurrir en la provincia de Guadalajara en el transcurso de esos dos siglos largos.

Siglo XIX

Por resumir un poco, conviene decir que en Guadalajara, como en toda España, la masonería conoce un resurgimiento a partir de la Revolución “Gloriosa” de septiembre de 1868. 
Desde diversas grandes logias nacionales se da consistencia a otras locales. Y así en el libro nos recuerda Martínez que el Gran Oriente de España dio espaldarazo a la Logia Caracense nº 224, de Guadalajara capital, y a la Amor Fraternal nº 56 de Alcocer. Que el Gran Oriente Nacional de España avaló la creación de la Unión Universal nº 266 en Cifuentes, la “Idea 66” en Atienza, y “El Deber 33” más “La Joaquina 53” en la capital.
Y todavía el Gran Oriente Español soportó la creación en Torija de la “Caracense 197” y del “Triángulo de Luz de la Sierra nº 2” en Checa.
Es una época en la que aparecen, junto a la masonería, otras sociabilidades mejor soportadas por los españoles, como hermandades (de antigua tradición religiosa cristiana), sociedades filantrópicas, Sociedades de Socorros Mutuos, asociaciones musicales, bandas, y, por supuesto, partidos políticos de masas. En este sentido, el Partido Republicano de la Sierra, fundado por el farmacéutico Federico Bru y Mendilluces, en Checa, tuvo fuerte voz a través de su órgano de expresión, “La Voz de la Alcarria”.
Pero también los carlistas, muy activos a través de “Juventud Católica”, con Enrique Aguilera Gamboa, marqués de Cerralbo, y con Juan Catalina García López, primer cronista provincial, como líderes, tuvieron gran participación en la vida social. 
En nuestra provincia tuvo cierto relieve, incluso, don Enrique Pastor y Bedoya, (siempre escribiendo bajo el alias de Alverico Perón) como activo propagador del “pensamiento espiritista”, que era doctrina religiosa fundada en Francia por Allan Kardec)

Siglo XX

La restauración borbónica frena un tanto en España el desarrollo de la masonería, aunque algunos de los relevantes políticos de la época, como el liberal Sagasta, pertenece a la Fraternidad. La dictadura del general Primo les da problemas, y la llegada de la Segunda República aporta, según dice ellos, una gran “esperanza” al movimiento masón. Así ocurre que tras las elecciones de 1931, al Parlamento llega más de 130 diputados que son masones.Tras las elecciones del 36, el PSOE recoge el mayor número de diputados masones.

El reflejo de todo ello en Guadalajara se hace palpable: en la ciudad se crea la logia “Arriaca nº 8” que es impulsada por Miguel Benavides. Dos destacados miembros de ella son los profesores del Instituto Miguel Bargalló y Marcelino Martín, junto a Ricardo Calvo Alba. Entre los diputados, y procedente la logia “Luis Simarro nº 3” de Madrid, llega a Guadalajara Eduardo Ortega y Gasset, hermano mayor del conocido filósofo. No es muy seguro -nos dice Julio Martínez- que José Serrano Batanero fuera masón, aunque fue acusado de serlo, cuando fue procesado por el franquismo.
Este grupo alcarreño quedó acogido al Rito Escocés, y dependió del Gran Oriente Español. Otros destacados masones del momento fueron el pedagogo local Tomás de la Rica, Andrés Núñez del Rio, Eduardo Bonis Domúnguez, y varios otros, a los que estudia y clasifica el periodista Julio Martínez en su excelente trabajo.
En el que, ya cavando, hace de nuevo un análisis histórico de aquella “Escuela Laica de Guadalajara”, de la que hoy solo queda un cochambroso solar en la calle Ingeniero Mariño, 42, y de la escritora Carmen de Burgos, la inolvidable “Colombine” que en ella tuvo tanta actividad.

El libro

Esta visión de “La Masonería en Guadalajara” viene a ofrecernos, en apenas 120 páginas, un vistazo general del fenómeno masón, desde su creación a nuestros días; un concentrado recorrido por la historia de la masonería en España, destacando los lugares y los personajes que impulsaron esta idea; y finalmente un minucioso, y bien compuesto análisis evolutivo de la presencia de los masones en Guadalajara, contando sus logias, sus centros de reunión, sus personajes, con retratos, imágenes de lugares y una adecuada bibliografía.

Julio Martínez García, periodista,
autor del estudio sobre "Masonería en Guadalajara"


El autor del libro

Julio Martínez García (Guadalajara, 1985) es licenciado en periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y graduado en Historia por la de Salamanca, donde también ha realizado el máster en Estudios Latinoamericanos, teniendo las maestrías sobre "Historia de la Masonería en España" y “Periodismo Transmedia” en la UNED. Ha intervenido como periodista en varios medios locales y regionales de Guadalajara, Castilla-La Mancha y Zaragoza. Ha trabajado en la Agencia EFE, en Wall Street International y en empresas periodísticas mexicanas. Ha sido ponente en varios congresos académicos celebrados en Puebla (México), París, Lisboa, Madrid, Gijón, Gibraltar y Guadalajara (España), centrados en comunicación, periodismo e historia de la masonería. Está considerado hoy en día como uno de los más activos estudiosos de este tema, la masonería, y las sociedades secretas.

sábado, 16 de noviembre de 2019

En la misma orilla del Tajo

Aache Ediciones. Guadalajara, 2019.
316 páginas.
Tamaño: 17 x 24 cms.
Encuadernación: rústica.
ISBN,: 978-84-18131-00-4.  PVP.: 15 €.

Va este libro de viejas historias, de memorias de la tierra, de personajes que se disolvieron en el olvido, y de mucha emoción, y encuentros.
En la ya contundente carrera literaria de Eugenio Feijoo, faltaba quizás esa “novela histórica” que da la verdadera dimensión de un escritor. Y aquí aparece la de Feijoo, ambientada en la España de la Guerra de la Independencia.
Dice el autor en su inicio que esta es “una de esas historias, o leyendas, que se relatan en un viejo manuscrito casualmente descubierto en un viejo arcón. Esa historia que uno “no inventa” sino que “rescata” es un buen comienzo. El autor de ese manuscrito sí se conoce, es un fraile franciscano del convento de San Sebastián, en Auñón (La Alcarria de Guadalajara). Es un gallego que todo lo mira y todo lo sabe, fray Uxío de Abeleda.
En él se refleja la vida en la Alcarria y aledaños durante la invasión napoleónica y años siguientes, pero también otros acontecimientos del momento. Hechos destacados son la muerte del santero o guardián del santuario del Madroñal, en Auñón, que al fallecer a manos de los franceses se llevó a la tumba el lugar donde había escondido los objetos de valor, y durante tiempo se creyeron perdidos. Otro es el desdichado amor de Rosa y Luis que, aunque no están presentes en todas las páginas, son el eje del relato y sin ellos no habría historia. Ambos mantienen un amor sin límites (más allá del tiempo, y del espacio), un amor que finalmente se diluyó en las aguas del padre Tajo.
Es este un libro que se lee con interés desde la primera página, y que nos va descubriendo hechos reales que envuelven las vidas de los personajes imaginados. Una buena mezcla que describe, al tiempo, una Alcarria antigua, tradicional, y muy hermosa. Con un río Tajo al que aún le quedaban aguas para tener vida, y consistencia.