lunes, 11 de febrero de 2013

Para conocer al Doncel


Martínez Gómez-Gordo, Juan Antonio: “El Doncel de Sigüenza”. Aache Ediciones. Guadalajara, 1997. Colección “Tierra de Guadalajara” nº 16. 112 páginas, ilustraciones en monocromo y color.

Fundamental para conocer en todos sus ángulos la figura de un personaje que se ha convertido en universal por su muerte y su estatuamortuoria. Antes nadie le conocía, porque era joven y era del montón. Después de morir, sus padres y su hermano le recordaron poniéndole un solemne sepulcro en una capilla de la cabecera de la catedral de Sigüenza, en Castilla, y el conjunto quedó ta afortunado que su fama ha ido creciendo, agigantándose, hasta ser hoy emblema de la ciudad, y en buena parte de su entorno.
Martín Vázquez de Arce, que así era como se llamaba, nació no sabemos dónde, pero sí que murió en la vega de Granada, un miércoles de julio de 1486, en una batalla contra los nazaríes. Educado en el ambiente cortesano de los Mendoza, en Guadalajara, con ellos se hizo fuerte en el Humanismo que a finales del siglo XV crecía en los salones del palacio que fuera del marqués de Santillana. En el ejército de su hijo, el duque del Infantado, peleó y encontró la muerte. Y esta le ha sobrevivido en la estatua que alguien talló (Sebastián de Almonacid, Sansovino?) y puso en la capilla de San Juan y Santa Catalina de la seguntina catedral.
En este libro, el doctor Martínez Gómez-Gordo, cronista oficial de la ciudad de Sigüenza, nos entrega condensado todo su saber sobre el personaje, la estatua, el simbolismo, los versos y las páginas que le han dedicado. Es un estudio completo, perfecto, entretenido y sabio, un estudio que nos permite saberlo todo del Doncel, y poder ir, una vez más, a admirar su silueta, su seriedad, su ilustración y el lujo de las formas y los colores. Si hubiera que definir la elegancia habría siempre que referirse a la pose, al gesto y a la actitud de Martín Vázquez de Arce.
El libro tiene un primer capítulo dedicado al aspecto personal del personaje, sus orígenes familiares, su vida, dedicación, paternidad, luchas y muerte. Le sigue la referencia a las campañas de la guerra de Granada “en que padre e hijo se hallaron” y pasa finalmente a estudiar la estatua, los carteles, los escudos, las pinturas que le acompañan, las figuras que le mediatizan… sin olivdar referir las mejores palabras y textos que articulistas, poetas e historiadores le han dedicado.
El libro lleva en su cuadernillo central un interesante estudio de Herrera Casado, cronista provincial de Guadalajara, sobre “Doncel y muertos que leen” en el que analiza el paradigma del difunto viviente, lector y reflexivo. Todo muy interesante. Un libro que merece la pena tener y releer.

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